Cuarenta años de globalización

Los últimos cuarenta años estuvieron signados por la idea difusa de lo que se dio en llamar “globalización”. Con ese nombre se trató de darle una definición a cómo estaba funcionando el sistema internacional luego de finalizado el período histórico de la Guerra Fría.

En este trabajo presentaremos al “sistema internacional” a partir de la presunción de que la humanidad se encontraba durante estos 40 años inmersa en un derrotero de homogeneización que teóricamente se enfrentó al de la estructura tradicional de un mundo dividido en Estados nacionales o al de un sistema internacional en dónde dichos Estados se agrupaban en grandes bloques con liderazgos claros. En la continuidad de nuestro programa se estudiarán más en detalle diversos aspectos controvertidos de la globalización y sus reales consecuencias.

Esta presentación es la de un modelo ideal. Una forma de observar un fenómeno social desde generalizaciones que, en tiempo y espacio, sufren cambios constantes. En “tiempo” porque todos los procesos que veremos no se desarrollan simultáneamente. En “espacio” porque sus efectos no son parejos en toda la geografía ni en todos los sectores de una sociedad.

Se puede entender este período de muy diversas formas, pero a efectos de conceptualizarlo genéricamente, vamos a definirlo como un conjunto de procesos de diversa índole tendientes a reproducir a escala planetaria un modelo de funcionamiento.

Es un conjunto porque se trata de procesos económicos, políticos, culturales y sociales muy diversos que tuvieron lugar, en términos generales, en el mismo período de tiempo.

Se trata de procesos de diversa índole porque mientras algunos afectaron las bases materiales del funcionamiento económico-social, otros tuvieron lugar en el nivel de la confirmación de identidades sociales y/o políticas, tanto como la de consumidores o productores.

Ocurren en este mismo período de tiempo aunque son procesos de muy larga duración, iniciados previamente y que tienen dinámica propia. Como todo proceso histórico es extremadamente aventurado fijar fechas de inicio o finalización de procesos sociales. Sólo grandes revoluciones pueden implicar una bisagra al desarrollo histórico, pues afectan casi de inmediato a la conciencia que las poblaciones tienen de sus propias formas de vida cotidianas. Por lo general, la evolución económica, social y cultural es de cambios lentos y graduales que hacen difícil su observación y vivencia para sus contemporáneos.

La coincidencia de muchas de las características de estos procesos históricos en este período da el tono de una aparente universalización.  Bienes, servicios, ideas, concepciones culturales, se hacen similares para importantes sectores de la población independientemente del lugar geográfico en dónde cada uno viva. Comprar la misma hamburguesa, ver el mismo tipo de películas y series, entrar a negocios decorados uniformemente en cualquier ciudad de cualquier continente, es la demostración gráfica de la similitud de vivencias e identidades que trascienden las particularidades nacionales.

Aquí veremos al sistema internacional como la articulación de un conjunto de procesos de globalización económica, política, social y cultural. Todos ellos bajo un trasfondo tecnológico que los facilita.

La tecnología ha modificado las distancias. Lo que antes demoraba horas, días o meses, hoy se realiza al instante o se acorta su duración exponencialmente. Esto fue posible por los avances en las ciencias básicas (física, química y matemática) y el desarrollo de la electrónica ligada a los descubrimientos científicos. Es notable lo avanzado en transporte, producción de bienes y especialmente en comunicación.

ANTECEDENTES

                La Guerra Fría había moldeado un sistema internacional en el que se enfrentaron dos grandes potencias con capacidad militar suficiente para destruir a sus enemigos e incluso al planeta entero. La URSS (Unión de las Repúblicas Socialistas soviéticas) y los EEUU (Estados Unidos de norte América), grandes triunfadores de la II Guerra Mundial, contra los totalitarismos fascistas, encabezaron dos grandes bloques de países de diferentes capacidades y características.

Embarcados en una perniciosa carrera armamentista que llegó a plantearse en términos extra-planetarios, los EEUU y la URSS dedicaban crecientes recursos a sus gastos en defensa en el marco de concepciones que otorgaban al Estado un rol primordial. El creciente déficit fiscal norteamericano y el escaso dinamismo o estancamiento de la economía soviética obligaron a un acercamiento que puso fin a los aspectos más salientes de la competencia militar; su manifestación más visible fue el tratado entre el presidente norteamericano Ronald Reagan y el Primer ministro soviético Mijail Gorbachov para el desmantelamiento de los misiles de alcance intermedio, la autolimitación al crecimiento de los stocks de armas nucleares y el desaceleramiento de los proyectos mega-defensivos como la «guerra de la galaxias» (Iniciativa de Defensa Estratégica, IDE) basada en el uso de satélites, rayos láser y armas atómicas ubicados en el espacio.

Desacelerada la competencia militar con los EEUU, la Unión Soviética pudo revisar su relación con los países que integraban su bloque. Este replanteo de la política exterior de la URSS fue motivado en lo interno por la revisión de su relación Estado-¬sociedad. Si bien el nivel de vida alcanzado dentro de sus fronteras permitía un aceptable control social, el sistema vigente mostró su límite frente al desarrollo de nuevas tecnologías realizado por Occidente y su capacidad para distribuir socialmente los beneficios logrados.

Los gastos en defensa fueron, a partir de la Segunda Guerra uno de los elementos dinamizadores de las economías internas, tanto en los EEUU como en la URSS. La cuestión de la “seguridad” fue el principal y casi único tema de la agenda internacional. Pero, a diferencia de los norteamericanos, los soviéticos no alcanzaban a transmitir a su industria y a los productos de consumo, las innovaciones tecnológicas desarrolladas en el área científico-industrial militar. A pesar de sus realizaciones en la carrera espacial y en energía atómica, el parque industrial tradicional se anquilosó ante la falta de una transferencia dinámica de conocimientos que permitiera la renovación tecnológica. Este retraso relativo incidió negativamente en la posibilidad de atender crecientes gastos y esfuerzos en defensa, requerimientos de su propia sociedad y en el sostenimiento del costoso sistema comercial solidario con los países del Pacto de Varsovia  o Cuba.

Para dinamizar y modernizar la economía soviética, el reformismo se planteó la posibilidad de realizarlo mediante la adopción de mecanismos de iniciativa individual y de incentivo-recompensa, propios del liberalismo. Para llevar adelante este camino, se comenzó por la desarticulación de la burocracia que ocupaba monolíticamente el Partido Comunista de la URSS y el propio Estado soviético (Nomenklatura). Esta apertura se intentó realizar, entonces, según preceptos del paradigma democratizador.

Al concluir la Guerra Fría, rusos y norteamericanos ingresaron en una etapa de reconversión que les permitiese retener su primacía mundial, liberados de sus gastos en defensa pero conservando su incuestionable capacidad nuclear. Lo hicieron desde posiciones relativas diferentes; la URSS, con grandes dificultades internas, se dirigió por un camino incierto en donde toda su estructura de relaciones sociales se vio trastocada en el proceso de reacomodamiento al nuevo paradigma. Quedaron al descubierto las tensiones internas en un país que comprendía un cúmulo de nacionalidades y las relaciones con los países que conformaban el bloque de Europa oriental.

La velocidad de la renovación tecnológica le planteó a los norteamericanos el doble desafío de, por una parte, mantener el ritmo de las innovaciones sin necesidad de que los esfuerzos primarios se dirigieran al aparato industrial militar sino directamente para generar y satisfacer las apetencias de consumo y, por otro lado, combatir el desempleo que al iniciarse la década de los noventa parecía ser estructural, inherente al nuevo patrón tecnológico.

La distensión de las relaciones entre las superpotencias le permitió a los norteamericanos devolver a sus competidores comerciales la obligación de incrementar sus propios gastos en defensa para atender a su seguridad. Europa occidental debió reconvertirse fuera de la tutela norteamericana, mientras Europa oriental iniciaba un camino incierto de democratización y conversión al capitalismo.

Este final de la Guerra Fría encontró a la República China en un punto muy alto de su  maduración como potencia internacional; tanto en lo militar como en su desarrollo social y económico. Una nueva potencia internacional asomó en un contexto propicio para su expansión.

Este nuevo panorama internacional dio lugar al proceso de globalización que intentaremos conceptualizar.

LAS MANIFESTACIONES DE LA GLOBALIZACIÓN

                Hemos señalado al inicio que podemos analizar la globalización como un conjunto de cuatro tipos de procesos: el económico, el social, el político y el cultural.

El Tipo Económico de globalización abarca una serie de áreas de la economía que pueden clasificarse como: productivas, comerciales, financieras, de propiedad de las empresas, de consumo, logísticas.

Si bien los procesos de globalización o mundialización desde la perspectiva económica pueden (y deben) considerarse en un largo período de siglos, tanto los que se manifiestan después de la Revolución Industrial como incluso el tráfico comercial previo a la aparición de la industria, nos centramos en la confluencia de estos procesos de diverso carácter que aparecen en las postrimerías del siglo XX.

Desde el punto de vista de la producción de bienes, las grandes empresas han impuesto el consumo de sus productos a nivel mundial. La producción industrial puede estar localizada en una sola fábrica. Es decir, se fabrica en algún país y se comercializa en todo el mundo. O puede estar descentralizada y estandarizada (aunque se fabriquen en otros países, conservan las mismas características y cualidades del original)

Pero, es necesario distinguir cómo fue este proceso desde el punto de vista de cómo se organizaron las empresas para abastecer a un mercado global.

En la primera mitad del siglo XX, el modelo tradicional para una empresa con apetencia de trascender su propio mercado nacional, era el de la exportación de los productos elaborados desde su territorio nacional. En algunos casos, por los costos de transporte la lógica llevó al montaje de fábricas similares (réplicas de la original nacional) en aquellos países potencialmente de alto consumo o de cercanía a mercados importantes que irían a consumir sus productos; todo ello bajo una concepción de mercados cerrados (países que imponían restricciones a las importaciones).

Luego de la II Guerra Mundial, a medida que las principales potencias fueron alcanzando la plena ocupación laboral en sus economías, surgieron nuevas formas de multiplicar la cantidad de bienes producidos y consumidos nacional e internacionalmente. El haber alcanzado el nivel de “pleno empleo” implicaba para los empresarios que a partir de ese momento, para conseguir más mano de obra para incrementar la producción, los salarios tenderían a crecer, restándole competitividad a su producto y, por lo tanto, con el riesgo de perder mercados consumidores.

Hacia mediados de la década de 1950, Los EEUU alcanzaron aquel umbral de “pleno empleo”. Mayores costos en la mano de obra, en los salarios a pagar a sus obreros, ponía en riesgo la posibilidad de vender sus productos en otros mercados/países con posibilidades y capacidad para consumir, desde sus fábricas a través del comercio internacional. Se reforzó, entonces, la tendencia a la apertura de filiales industriales en diferentes países, bajo las mismas normas y modelos que se fabricaban en el país de origen o trasladando la producción de modelos que empezaban a ser obsoletos en el país central, con el ahorro para la empresa de matricería, capacitación, diseño, etc. Este proceso de multinacionalización de las empresas norteamericanas fue también seguido por otras potencias europeas.

En cambio, Japón, frente al mismo problema empresarial del alza en los salarios obreros hacia mediados de la década de 1960, logró multiplicar su producción estableciendo una transnacionalización de la producción de las partes del producto final, reservándose el ensamblado final en su propio territorio, con la etiqueta “made in Japan” que ya había alcanzado un punto de valoración muy alto para entonces. Es decir, ayudó a establecer talleres y fábricas de poca especialización tecnológica en países con mano de obra barata (y poco experta en lo industrial) para que el ensamblado del producto -desde automóviles hasta electrodomésticos- fuera realizado por los calificados operarios japoneses, ya en su propio territorio. Este modelo de transnacionalización es el que terminó imponiéndose en el contexto de globalización.

Entrados en el período pos guerra fría, aparecieron nuevos mercados de trabajo aptos para la producción de partes o productos simples que permitieron a las empresas norteamericanas, europeas, japonesas, radicar talleres o fábricas tanto en los países del sudeste asiático conocidos por entonces como los “dragones asiáticos”[1], New Industrialized Countries[2], o más tarde los BRICs[3], como los países del centro oeste europeo que definimos como jóvenes democracias de la era pos soviética; México y Brasil en el área americana.

Por su parte, China, con su enorme población, hasta entonces mayormente rural, había iniciado en la segunda mitad del Siglo XX un proceso de urbanización e industrialización. La gradualidad de ese movimiento poblacional le proporcionó una inagotable fuente de mano de obra industrial barata para los cánones internacionales. Su industria de menor y de mayor sofisticación fue alcanzando su grado de madurez, hasta convertirse en un gran actor de la globalización a partir de la década de 1980.

La otra potencia de reciente y rápida industrialización es la superpoblada República de la India.

Una importante novedad de este período fue la introducción creciente de los procesos de automatización y robotización en las líneas de montaje industrial. Las fábricas fueron progresivamente reemplazando mano de obra por maquinaria operada por computadoras con menor cantidad de operarios.

De tal forma, la producción de bienes se afianzó en forma global. La planificación empresaria, tanto de la fabricación como del comercio, comenzó a pensarse globalmente. Las diferentes etapas de desarrollo de un bien intercambiable adquirieron la lógica de maximizar los resultados en función de los lugares (países) que podían ofrecer salarios más bajos, mejores calidades de mano de obra para productos complejos, beneficios estatales para la radicalización de industrias, centros de diseño industrial de alta capacitación y creatividad, créditos bancarios a bajo costo y baja tasa de sindicalización.

Estas características requirieron un importante desarrollo de lo que genéricamente se conoce como logística. Es decir todo el proceso que permite que un producto llegue a manos del consumidor; planificación, almacenamiento, distribución, transporte, empaquetado o envasado, publicidad global y desarrollo de los canales de ventas (negocios, tiendas, venta online).

En este aspecto podemos incluir la innovación conocida como “just in time”. Desde la aparición de la industria fordista, las empresas procuraban tener almacenado (en stock) todos los repuestos/partes del producto que se iba a ensamblar para evitar demoras en el proceso de producción. Ello implicaba una cantidad importante de capital que quedaba inmovilizado en ese almacenamiento. A medida que se incrementó el movimiento de capital financiero (como se verá más adelante) se entendió que dicho almacenamiento generaba pérdidas en las posibilidades de inversión de la empresa. Junto a esa noción, el avance de la tecnología de procesadores (computación y automatización de la producción) llevaron a modificar el concepto para lograr una reducción del stock inmovilizado de partes de un futuro producto, por una planificación más ajustada que permitiera que el proveedor entregara las partes justo en el momento en que hicieran falta para el ensamblado final. De tal forma, la línea de montaje estaría siempre abastecida con una planificación muy precisa y la empresa contaría con un capital adicional para otro tipo de inversiones.

Hubo dos grandes aportes a las cuestiones de logística. Por una parte dichos aportes dependieron en gran medida del desarrollo tecnológico en la electrónica (computación, control, automatización) y hasta alentaron dichas innovaciones. Por otro lado, hubo importantes mejoras en los medios de transporte; en parte obligados por los movimientos que comenzaron a preocuparse por la sustentabilidad del medio ambiente y por la cartelización de los productores de petróleo que generó tensión en torno a su precio, especialmente en el uso abusivo de los combustibles fósiles.

Otro aspecto de la globalización económica es el comercial. Los patrones de consumo se han universalizado al compás del más estrecho conocimiento entre culturas que fue facilitado por la revolución de las comunicaciones. Bienes y servicios hoy se planifican, distribuyen y consumen internacionalmente con alto grado de aceptación. Marcas, modelos, modas, de todo tipo de mercancía se hicieron conocidos a nivel planetario. El deseo, la necesidad o simplemente un cambio de hábitos culturales locales motorizaron una homogeneización de los productos y las costumbres en gran parte de las poblaciones, especialmente dentro de las clases medias urbanas en alza tras la II Guerra Mundial. Desde hamburguesas hasta automóviles y manifestaciones culturales como el cine o la literatura se consiguen (y se desean) en prácticamente todo el mundo. Un gran triunfo del marketing (las técnicas de venta) especialmente estadounidenses.

Los mismos productos, las mismas marcas, los negocios con las mismas decoraciones y hasta su música funcional, están diseminados por cualquier ciudad del planeta.

También, ocurre el mismo fenómeno con los asentamientos de extrema pobreza, excluidos del mercado de consumo. Sus vivencias y necesidades son similares entre sí a pesar de las distancias y los contextos diferentes.

De tal forma, el consumo ha sido orientado hacia bienes y servicios específicos. Por supuesto que la voluntad humana de consumir determina el éxito o el fracaso de un producto; pero la universalización de la oferta marca el tono. Esto es así en todo sentido de la vida social. Desde la alimentación hasta el uso de redes sociales. El consumo se ha globalizado.

Otra área a observar es que la globalización ha favorecido la interconexión de los mercados de capitales. Desde la crisis de la deuda de 1982, ha cambiado el rol de la banca privada. Anteriormente, en el esquema de la Guerra Fría, la relación financiera entre países estaba mediada por los Estados por lo que una empresa que necesitara financiamiento importante, superior al que le podría brindar la banca nacional, debía gestionar a través del Estado préstamos externos. O el mismo estado procuraba financiación para volcarlo en su propio mercado de capitales interno. Aquella relación entre países desde el punto de vista financiero ha dado lugar a una red mucho más compleja en la que intervienen actores privados, sean estos bancos, fondos de inversión, empresas, organismos internacionales de crédito con actores estatales y también privados. Esta compleja red de interconexión entre actores económicos se ha hecho más eficiente y más rápida gracias a los avances en tecnología de comunicaciones ocurrido en el período.

En la globalización, las grandes empresas se nutren de capitales directamente con la banca internacional; también es importante el rol que han comenzado a jugar los llamados fondos de Inversión; son instrumentos financieros organizados por bancos o por actores independientes que acumulan el capital de pequeños y grandes depositantes/ahorristas para invertirlo.

Esas inversiones pueden ser (y lo son habitualmente) en bonos emitidos por los Estados o grandes empresas internacionales para procurarse de capitales para desarrollos propios de las empresas o en obras de infraestructura; en acciones de empresas de diferentes países a la espera de lucrar con los dividendos de esas empresas o con eventuales fuertes fluctuaciones de su valor; también en la compra de divisas o commodities[4] a futuro. Es decir, en cualquier tipo de apuesta financiera que les resulte redituable en el corto o largo plazo; toda una serie de inversiones que, incluso, se sofisticaron en este período; el ejemplo más concreto es el de las hipotecas sub prime que generaron la crisis internacional de 2008.

Estos movimientos financieros (capitales, bonos, acciones, commodities, etc.) son realizados por Bancos, Fondos de Inversión, Empresas e incluso por ahorristas particulares. Todo ello es posible en un gran mercado interconectado que pone a todas las naciones al alcance de estos capitales.

El globalizado mercado de capitales adquirió gran fluidez, tanto para la producción y el consumo, como para fines netamente especulativos. El capital financiero circuló internacionalmente en tiempo real (al instante) por todos los países. Adquirió un peso incuestionable en el carácter de la propiedad privada a nivel global. Todo ello, no físicamente sino a través de medios electrónicos.

Buena parte del capital financiero adquirió características de capital especulativo. Enormes sumas que a través de Bonos, préstamos tomados por Estados o empresas, obtienen ganancias diferenciales respecto a inversiones tradicionales y que, frente a problemas de pago, se convierte en duros acreedores.

Otro importante aspecto de la globalización económica es el del Mercado bursátil. Se denomina así a los ámbitos en que se compran y venden acciones de empresas; esto es, las partes de la propiedad de una empresa representada por un cúmulo de acciones bursátiles.

En este mercado accionario, la expectativa es la de poseer partes de empresas para beneficiarse con las ganancias que se reparten periódicamente entre los accionistas y/o  beneficiarse con bruscos cambios en las cotizaciones de dichas acciones; empresas que por diferentes circunstancias sufren el alza y/o la baja del precio de sus acciones en cortos períodos de tiempo.

Es un mercado que funciona  permanentemente por la diferencia horaria entre las principales Bolsas de Valores. Cuando opera la de un país asiático, los europeos están cerrados; tras operar estos últimos, toman su lugar las americanas y la rueda continúa interminablemente.

Además de la descrita especulación o inversión financiera a través del mercado bursátil, una importante consecuencia es que la propiedad de las grandes empresas dejó de tener carácter personal y nacional para internacionalizarse. Como ejemplos, una empresa japonesa puede tener la mayor parte de su capital accionario en Europa, y una empresa americana ser propietaria de otra empresa europea, y así, infinidad de combinaciones que hacen difícil ahora la identificación real de una empresa con un país. Es decir, la gran propiedad privada puede estar, ahora, repartida entre accionistas de diversos países. Aun así, la locación de las casas matrices de una empresa representa cierto valor identitario y les permite una defensa comercial a través de sus Estados nacionales en caso de conflictos.

Estos procesos de globalización económica tuvieron una dinámica propia en un contexto de rápido cambio tecnológico, pero tuvieron también fundamentos teóricos que los sustentaban y que se convirtieron en objetivos empresariales y gubernamentales.

A través de diferentes organismos internacionales y de manifiestos académicos y políticos, se fue constituyendo un sentido común empresarial tendiente a facilitar el desarrollo de un mercado productivo, especulativo y de consumo lo más amplio posible.

Desde el punto de vista de las principales ideas económicas que cobraron fuerza tras la finalización de la Guerra Fría, se suele mencionar al denominado Consenso de Washington. En consonancia con el impulso de las ideas del neoliberalismo, se hizo hincapié en reforzar los principios del libre comercio, asegurando que ello beneficiaría a toda la sociedad y a todas las sociedades.

Importante rol cumplieron los organismos internacionales que fueron ocupándose de los temas del comercio mundial. En principio el GATT[5],  y luego la OMC[6], trataron de consensuar reglas uniformes para el comercio, la producción y el manejo de capitales entre todos los países. También como árbitros o jueces en disputas comerciales internacionales. En innumerables discusiones participaron principalmente los países“desarrollados” y aquellos países “emergentes” con alguna participación o interés en el mercado de algún o algunos productos.

Entre los temas que estuvieron en discusión figuraron las barreras arancelarias (lo impuestos u otros conceptos que los Estados imponen a los productos o servicios que ingresan a sus territorios), la eliminación de cupos para importación de determinados artículos (que se suelen poner para no perjudicar las industrias locales), los estándares de calidad exigibles, la libre determinación de los precios por el mecanismo de oferta y demanda, evitar la cartelización y, entre otros, el reconocimiento de los derechos de patentes.

Este último punto se ha vuelto crucial por el avance tecnológico y la permanente innovación sobre productos y servicios que se ofrecen para el consumo.

El problema surge, para los dueños de esas patentes y marcas, en la existencia de imitadores (amparadas por sus países) que copian productos de alta calidad y demanda en los mercados desarrollados. En el segundo caso entran, como ejemplo, la indumentaria de etiquetas muy  reconocidas copiadas masivamente, artículos eléctricos y electrónicos de dudosa calidad pero exteriormente similares a las de las grandes marcas (que han gastado tiempo en el desarrollo del producto y dinero en publicidad para alcanzar tal fama, prestigio o simplemente reconocimiento popular). En todos estos casos se verifican costos mucho menores por calidad, por aprovecharse de condiciones laborales contrarias al derecho internacional aceptado y por no pagar las regalías que implica una marca reconocida. A la vez que son capaces de inundar en cantidad los mercados consumidores.

Respecto a las patentes tecnológicas, hay que considerar que toda la tecnología está basada en descubrimientos e inventos desarrollados por universidades y empresas que se convierten en propiedad privada a través del patentamiento de los mismos. Entran en este rubro desarrollos tecnológicos como los algoritmos que permiten funcionar a las redes sociales, buscadores, navegadores de internet; los componentes electrónicos que permiten el procesamiento de datos, la utilización del espectro radial para las comunicaciones inalámbricas; las fórmulas químicas de medicamentos, ciertos alimentos y bebidas, materiales.

Todas estas discusiones sobre el comercio internacional enfrentaron aparentemente a aquellos países y/o gobiernos que defendieron el capitalismo liberal y aquellos que trataron de proteger sus intereses nacionales. Pero, una cosa y la otra se dan simultáneamente; los principios están ligados a las mejores políticas para la expansión de sus propios mercados y no por un filantrópico interés idealista.  Según las fortalezas de cada país, todos los países tuvieron puntos en los que  defienden el libre comercio en algunos rubros y puntos de alto proteccionismo sobre otros. Todas las posiciones se basaron en las fortalezas de sus producciones industriales (o agropecuarias y de materias primas); no se trató de posiciones ideológicas románticas ni dogmáticas.

En términos generales, se procuró el libre movimiento para las mercancías, los servicios y los capitales, ya sean de carácter financiero (préstamos, inversiones, especulativos), como productivos (instalación de plantas industriales, comercios, etc.) sin impedimentos para entrar y salir de cada país. También el resguardo a los derechos de propiedad para evitar que una inversión pudiera ser con el tiempo expropiada o colocada en condiciones diferentes a las del momento de su origen (no cambiar las reglas de juego luego de realizada una inversión).

Todo ello, en un marco de  libre circulación de personas, capitales y bienes que dio el tono al período de globalización.

Por lo tanto, la globalización económica se manifestó en la desnacionalización de la producción y el consumo, tanto de bienes durables, como de servicios e incluso de los anteriormente considerados “bienes no transables”. Además de la interdependencia generada en torno a los mercados financieros y bursátiles (directamente responsables de la tenencia de propiedad privada).

El desarrollo productivo y comercial tuvo beneficiarios en las grandes empresas, pero permitió al mismo tiempo el desarrollo de fuerzas productivas en países y regiones que hasta entonces estaban rezagados en su evolución industrial, urbana y consumista. Como el interés del capital es maximizar sus ganancias, tendieron a la baja de los salarios; la relocalización de empresas buscó disminuir el peso social de los asalariados de los países centrales y aprovechar condiciones de desprotección laboral en países menos desarrollados. Aun así, este período de globalización permitió en algunos países asiáticos y en jóvenes democracias de Europa oriental y América latina, el afianzamiento de procesos de ascenso social desde bases muy elementales y ligadas a la urbanización de sociedades rurales y ampliación de las clases medias. Pero, estos beneficios no han sido uniformes ni todo lo abarcativos que se prometieron desde el punto de vista de la teoría neoliberal.

Respecto al Tipo Político de globalización, cabe destacar dos esferas diferentes pero concurrentes. Por un lado, los cambios en la organización de la política internacional. Por el otro, el impulso a modificar la estructura jurídica de un cúmulo de Estados nacionales que se incorporaron al sistema internacional desde una nueva soberanía.

Desde el punto de vista de la política internacional, con la caída del Muro de Berlín desapareció el orden bipolar de la Guerra Fría.

En apariencia, al inicio de este período global, existió la creencia de que se había despejado el camino para una hegemonía unilateral norteamericana. Sin embargo, la disolución de la Unión Soviética modificó la agenda internacional; cambió las prioridades entre aquellos temas que predominan en los acuerdos y disputas entre naciones. La cuestión de la “seguridad” dejó de ser el tema central y casi único de las grandes potencias, para enfocarse en la construcción de un mercado/mundo capitalista. Y ello trastocó también el rol de los EEUU.

El poderío militar de los EEUU obviamente siguió siendo un elemento de primera magnitud pero su peso en las relaciones internacionales dejó de ser prioritario. La Agenda internacional privilegió temas como el comercio, el orden democrático, el cuidado medioambiental, la salvaguarde de los derechos humanos, poniendo en igualdad de condiciones a varias potencias, en un sistema multilateral.

Con la distensión de la cuestión de la seguridad, muchos Estados recuperaron su autonomía que, anteriormente, por ser obligados o por necesidad, habían estado bajo la protección de alguna de las superpotencias.

Este período de 1980 hasta la actualidad estuvo signado, además, por el ascenso de la República China como actor primordial del sistema internacional.

La desaparición de la URSS como tal se manifestó en tres áreas: el Imperio Soviético en sí mismo que era un cúmulo de nacionalidades diferentes, el área del Pacto de Varsovia que abarcaba a países del Este Europeo y también aceleró el proceso en el sudeste asiático.

Por su parte, el área de influencia norteamericana también se trastocó tras la Guerra de Malvinas y la crisis de la deuda externa en 1982. Las Fuerzas Armadas latinoamericanas dejaron de ser actores necesarios y confiables para EEUU y sus aliados ante el relajamiento de las cuestiones de seguridad pos Guerra Fría. Incluso quedaron desprestigiadas ante sus propias sociedades respecto de las posibilidades de continuar constituyendo una alternativa de conducción del Estado, especialmente a medida que la opinión pública tomó conocimiento de las matanzas cometidas durante los períodos dictatoriales.

Por lo tanto, cobraron importancia ámbitos internacionales de debate y resolución como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la Organización Mundial de Comercio, entre otros. La capacidad de decisión autónoma en temas internacionales que habían tenido las grandes potencias, se transformó en una necesaria búsqueda de consensos.

Desde el punto de vista de la estructura política y jurídica, hubo un cúmulo de Estados nacionales que se incorporaron al sistema internacional desde una nueva concepción de soberanía. La globalización impulsó la universalización del paradigma republicano-democrático, con un alto contenido valorativo de los derechos individuales.

La desaparición de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas dio lugar al renacimiento de Rusia y de países como Estonia, Lituania, Ucrania, Georgia, Armenia, Azerbaiyán, entre otros.

Por otra parte, el abandono soviético de su política tutelar sobre la región  de Europa oriental, dejó a su suerte a países como Alemania oriental, Polonia, Checoslovaquia (República Checa y Eslovaquia), Rumania, Hungría, Yugoeslavia (Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia).

La injerencia japonesa y china en el sudeste y el oriente asiático, sin la interferencia soviética, permitió una reorganización de países como Corea del Sur, Vietnam, Singapur, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Tailandia.

Por su parte, prácticamente todo el continente sudamericano ingresó en procesos democratizadores en la década de 1980.

En líneas generales, puede decirse que en la mayoría de los países mencionados comenzó a primar un paradigma democratizador, que revalorizó la iniciativa individual y el disenso, y tuvo por meta alcanzar mejores niveles de consumo y bienestar.

                Los fundamentos de estos procesos democratizadores fueron:

  • adopción de mecanismos democráticos de consulta periódica a la población,
  • abierta competencia electoral entre grupos de diferentes orientaciones político-ideológicas,
  • discusión pública de gran parte de las cuestiones de interés común,
  • variedad de opciones políticas para la elección de los ciudadanos
  • apertura de las estructuras estatales de gobierno a la crítica pública
  • rotación de funcionarios con independencia de su adscripción a un partido,
  • libertad religiosa,
  • fin de los impedimentos para el traslado de personas entre regiones y la emigración,
  • eliminación de la censura,
  • adscripción a tendencias liberales en lo económico,
  • revalorización del mercado como quien asigna recursos,
  • reducción de las esferas de injerencia estatal,
  • visión crítica el déficit fiscal.

                Este listado parcial de conceptos y valores declamados por la prensa, sectores intelectuales y políticos, comenzó a consensuarse entre la opinión pública siguiendo procesos disímiles. Definidas como “Jóvenes democracias” estas características políticas abarcaron tanto a los países de Europa del Este, parte de Asia y a Latinoamérica.

Junto a las reivindicaciones de democracia y de respeto por los derechos humanos, avanzó la concepción del libre juego de los mercados. Esta mezcla de liberalismo político y económico (capitalismo liberal) fue  valorizado desde los países centrales por dos cuestiones (algunas con trasfondo económico y no sólo por principios éticos): el respeto a los derechos humanos (que también puede relacionarse con la competencia por los costos de mano de obra) y las reclamadas garantías jurídicas requeridas por el capital internacional, pero también para la solución de controversias antidiscriminatorias, además de su valor para los individuos y para la sociedad en general.

Desde el punto de vista del Tipo Social de globalización se han registrado cambios significativos en las estructuras sociales, derivados de las transformaciones económicas y de la gestación de un nuevo paradigma cultural. Siempre considerando que nos referimos en términos generales y a nivel internacional.

Las modificaciones de la estructura social pueden distinguirse en los cambios en el mercado laboral y en las migraciones locales e internacionales.

El mercado laboral ha variado en una mayoría de países en función de las transformaciones capitalistas del modo de producción. La relocalización de la producción fabril desde los países centrales a países de nuevo desarrollo industrial trajo varias consecuencias sociales.

Por un lado, los obreros sindicalizados de las industrias en los países desarrollados han perdido sus puestos de trabajo; con dificultades para reubicarse en el mercado laboral pues sus actividades de especialización desaparecieron de sus territorios nacionales. La relocalización de industrias dejó desamparados a aquellos obreros con experiencia en sus rubros. Su reubicación social debió hacerse hacia otras actividades ligadas al área de servicios con menores salarios. Solo una minoría, a tono con los desarrollos en computación, pudo reubicarse manteniendo su status social. Los países centrales o desarrollados vieron disminuir sus fuerzas laborales asalariadas industriales en favor del incremento de empleados del área de servicios y de profesionales ligados a la informática. Estos cambios no necesariamente se observan en las tasas generales de desempleo, precisamente por aquella migración laboral hacia puestos de menor remuneración.

En tanto, los países que iniciaron su conversión industrial en este período tuvieron una importante transformación; pasaron de tener una población mayoritariamente campesina dedicada a la agricultura, para convertirse en sociedades urbanas y rurales, con preeminencia de actividad industrial de bajos salarios, no sindicalizados y en condiciones laborales de explotación.

Se produjo paralelamente a aquella relocalización del trabajo obrero industrial, una ampliación de los mercados consumidores por incremento de las clases medias y por esa traslación de poblaciones rurales a la vida urbana.

En los sectores sociales que atienden el área de servicios y logística se ha verificado en el período un incremento de las clases medias motorizado fundamentalmente por China. La misma transformación, en menor escala, ocurrió también en otros países asiáticos y algunos latinoamericanos, con la satisfacción de necesidades básicas  y un alto acceso al consumo, en consonancia con una más acelerada urbanización.

En los sectores medios de mayor nivel educativo, el desarrollo de la informática permitió el acceso a trabajos de mayor calificación, dependiendo de la capacidad de adaptación a estas nuevas herramientas.

En tanto el empresariado sufrió una transformación al ritmo de dos procesos; la conversión informática (renovación tecnológica) y la relocalización de la producción industrial. Las empresas más valiosas, desde el punto de vista bursátil, dejaron de ser las de industria manufacturera para trasladarse hacia las de servicios.

La alta burguesía internacional, los dueños del capital, diversificaron sus intereses en diferentes áreas con preeminencia del capital financiero.

En todo este panorama de revolución de las estructuras internacionales y socioeconómicas paradójicamente se incrementó la población de sectores marginales, en consonancia con el aumento de la población en general, pero  por fuera del sistema capitalista, del mercado laboral y del mercado de consumo.

Por otra parte, el incremento de las migraciones, en los inicios del impulso globalizador consolidó un mundo de fronteras más abiertas a medida que las potencias mundiales y regionales fueron reasignando sus prioridades en seguridad y defensa, y en las necesidades de mano de obra de mayor o menor calificación según las concepciones más abiertas que proponía idealmente la globalización.

Estas mismas condiciones dieron lugar a un incremento de las migraciones; tanto internas, entre campo y ciudades, como a nivel internacional. Se registraron importantes migraciones de población por cuestiones humanitarias, por crisis políticas y de subsistencia. Se dieron en el marco de la adopción de un libre y fluido pasaje por la mayoría de las fronteras nacionales especialmente en el continente europeo (pero no únicamente allí) hasta que diferentes crisis fueron poniendo en duda aquellos fundamentos.

Las consecuencias de tales movimientos de población fueron el desarraigo (cultural e identitario) que incrementó la marginación pero, ahora, en países con mayores estándares de confort. Como contrapartida, el hipotético objetivo subyacente de alcanzar el cosmopolitismo frente las tendencias nacionalistas se vio en tensión; pareció más cerca de lograrse, casi al mismo tiempo que desató un renacimiento de las fobias más extremas.

Los primeros esfuerzos de integración han demostrado ciertos avances y muchos fracasos, constituyendo uno de los primeros logros sociales y, luego, uno de los principales déficits de la globalización.

Además, se verificó un incremento de la presencia y efectividad de organizaciones de la sociedad civil. También se manifiesta crudamente el cambio en la cuestión del trabajo tanto por los cambios tecnológicos en la producción como por la aparición de clases obreras altamente explotadas por el desplazamiento global de la producción de mano de obra intensiva.

La propensión a una humanidad más igualitaria dependió de la posibilidad del sistema económico internacional de alcanzar niveles de bienestar social. Cualquier tropiezo en el desarrollo reavivó el sectarismo y la discriminación.

En el Tipo Cultural de globalización es posible verificar que, a partir de la fluidez de las comunicaciones alcanzada por el desarrollo tecnológico y la internacionalización de productos y bienes de consumo cultural, se ha intensificado la transmisión y la oportunidad de compartir valores, tendencias, opiniones, concepciones artísticas.

Las identidades nacionales se nutrieron, en buena medida, de modelos transnacionales, en consonancia con las propuestas más idealistas de redes sociales y medios de comunicación globales. Este proceso tuvo lugar especialmente en las clases medias, pero no solamente allí, dependiendo del acceso a los medios electrónicos.

Las formulaciones iniciales de la comunicación globalizada tendía a proponer (o a esperar) que se generaran consensos basados en mecanismos de control social que desecharan el conflicto y promovieran las integraciones tribales de sintonía más internacionales que nacionales.

La propuesta hipotética de la globalización tendía a lograr una comunicación no intermediada. La realidad es que dejó al descubierto y propaló mensajes sectarios y posiciones extremas altamente viralizadas.

Rápidamente estos canales de comunicación fueron utilizados para la publicidad comercial, para mensajes sectarios y para propaganda política. La difusión de falsas noticias encontró distintos mecanismos de difusión en redes. Y lo hicieron tanto por voluntades individuales u organizadas a través de trolls. Publicidad y propaganda. Este fue un proceso que se incrementó cada vez que sistema internacional se vio sacudido por conflictos especialmente económicos. De la misma forma ocurrió en cada país según sus propias circunstancias.

El paradigma anterior de cánones establecidos por la comunidad científica, filtrados por los tomadores de decisión en sentido amplio y luego amplificado a la sociedad, dio lugar a una circulación más horizontal de saberes y opiniones, y en redes sociales de comunicación de alto intercambio entre usuarios.

Lo positivo que puede mostrar tal desarrollo es la creciente visualización y reconocimiento positivo de las diferencias culturales y de género, y la valoración de los derechos humanos en general.

Sin embargo, las redes sociales, los mecanismos de intercambio de opiniones sobre noticias periodísticas o posteos diversos, fueron sujeto de manipulación. Incluso en las campañas políticas democráticas.

El paradigma de pensamiento social dominante encuentra una amplia posibilidad de difusión mediante los medios masivos de comunicación, al mismo tiempo que se difunden sus críticas.

Una simple enumeración de los principales conjuntos de procesos culturales verificables y en tensión en el proceso globalizador incluiría: los derechos humanos, el reconocimiento de las diferencias, la necesidad (o el rechazo) de la Inclusión social, la “democratización” de las opiniones, y el rápido ida y vuelta entre Información y opinión, entre otros.

El incremento de la comunicación a través de foros y redes sociales expone a cada individuo a un alto grado de participación social. Al mismo tiempo se lo facilita. Un notable proceso de democratización de la participación ciudadana, no exenta de la injerencia técnica (censura o propaganda) de los gobiernos o grupos de poder.

LAS TRANSFORMACIONES LOGRADAS POR LA GLOBALIZACIÓN

Los últimos cuarenta años han sido conocidos, conceptualmente, como el período de globalización del sistema internacional.

Esta globalización ha tenido características distintivas respecto a otros procesos históricos. Los hemos tratado de señalar esquemáticamente.

Teniendo en cuenta que los procesos humanos son complejos, que no son lineales, hay que notar que sufren variaciones tanto en el tiempo como en los diferentes lugares en que se presentan; que los beneficios y perjuicios de estos procesos no se distribuyen de igual manera en todo el mundo, ni siquiera dentro de cada sociedad. Es decir, la globalización no resolvió los problemas de la pobreza, ni los desafíos de la paz planetaria, ni los de la igualdad de derechos e identidades de todos los seres humanos, tal como parecía prometer.

También es cierto que el sistema internacional se ha asentado sobre bases diferentes a los de cualquier período histórico previo.

En principio, las aperturas comerciales (de los mercados de consumo), la transnacionalización de la producción (el producto final se obtiene de ensamblar partes fabricadas en distintos países), la interconexión bursátil (la compra-venta de acciones que representan la propiedad privada de las empresas) y la fluidez de los intercambios financieros (los capitales circulando libremente), dieron lugar a una INTERDEPENDENCIA mundial.

Las posibilidades de un país de aislarse del contexto internacional y de las características planteadas por los procesos globalizadores, representó un alto costo nacional con repercusión negativa en la calidad de vida de su población.

El capitalismo, internacionalizado, depuso sus necesidades de fronteras cerradas; objetivo que tuvo desde finales de la Edad Media. Ahora, requirió un alto grado de conexión con productores, consumidores, inversionistas de todo el mundo. La escala de producción y consumo se ligó a mercados infinitamente más amplios que el de su territorio nacional.

Esta interdependencia entre naciones avanzó con mucha fuerza al concluir la Guerra Fría. Pero al mismo tiempo planteó a nivel internacional un par de situaciones novedosas: la carencia de un hegémono absoluto para todos los temas de discusión internacional y mecanismos de defensa de las propias burguesías menos competitivas frente a las avasalladoras características de algunas economías, en especial, los procesos de regionalización.

Un sistema internacional estable solía depender de la existencia de un país o grupo de países que hayan ejercido la HEGEMONÍA. En la globalización, si bien los EEUU conservaron el “poder duro” de sus fuerzas armadas y buena parte del “poder blando” de su cultura difundida en todo el mundo y su potencialidad económica, su capacidad para imponer cualquier decisión no es tan lineal.

Las fuerzas armadas norteamericanas, luego de su participación infructuosa en Vietnam y en Afganistán, y del ataque a su territorio continental conocido como el de   las Torres Gemelas, ya no luce tan invencible como lucía después de la II Guerra Mundial.

En tanto su capacidad de difusión de costumbres, modas, alimentación, productos y servicios, está matizada por europeos, chinos y japoneses. Especialmente en área de producción (la potencia china) y en el tamaño de los mercados de consumo (como los de Europa).

Por lo tanto, aquella capacidad hegemónica norteamericana no es determinante para el orden mundial como lo sería en otras circunstancias sin  globalización.

Otro mecanismo temprano de defensa frente a los impulsos globalizadores ha sido el de la REGIONALIZACIÓN. Se trató de conjuntos de países, en su mayoría limítrofes, que se aunaron como mercados nacionales amplios.

Se constituyeron como barreras comerciales frente al resto del mundo,  reemplazando la competencia interna por la colaboración o complementación de sus economías.

El caso más antiguo y más exitoso es el de la Unión Europea (antes Mercado Común Europeo) que le agregó además una definición amplia de nacionalidad, menos excluyente y más colaborativa. Su definición más concreta es la que define al territorio europeo como el Espacio (Schengen) de las “cuatro libertades de circulación”: de personas, de bienes, de servicios y de capitales.

Perduran, también otros mercados comunes y de libre circulación ciudadana en diferentes regiones del mundo. El Mercosur es uno de ellos; aúna a cuatro países fundadores (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay) que en los inicios del proceso de regionalización en la década de 1980 ligaron las posibilidades económicas con cláusulas de sostenimiento de la democracia en dichos países que salían de dictaduras militares.

            Por lo tanto, el proceso de globalización se caracteriza por la disminución del peso relativo de los EEUU, el ascenso de china en lo comercial, financiero y en poder blando y duro, y en términos generales de una multiplicidad de actores con capacidad de decisión internacional o, al menos, con poder de veto.

PERIODIZACIÓN

Para establecer una periodización de la globalización es necesario considerar como punto de partida y de contraste, el sistema internacional de la Guerra Fría, con ideas de nación, principios, estilos y paradigmas rígidos.

Globalización idealizada

Tomamos como punto de partida simbólico la Caída del Muro de Berlín (9/11/1989). La misma representa la desarticulación del bloque de Europa oriental y el desmembramiento de la Unión Soviética, junto al inicio de procesos de transparencia y de democratización (más o menos formales).

El primer debate se estableció respecto a si la desaparición de uno de los polos de la contienda URSS-USA generaría un mundo unificado bajo una única conducción de la potencia sobreviviente o si el sistema internacional iría delineando un nuevo modelo.

Muy pronto se acuñó la concepción de “fin de la historia” dado como la terminación de los conflictos entre modelos de desarrollo y sistemas de organización social. Primaba la creencia en el triunfo del capitalismo y en el carácter incuestionable de los beneficios de la idea republicana-democrática.

Ya se encontraban en marcha los primeros procesos de regionalización que servirían para atenuar el impacto globalizador unidireccional que podría imponer USA.  En el período, se produjo la consolidación de la Unión Europea y gestación de nuevos Regionalismos en Asia, América latina e incluso en norte América.

El clima político internacional, fuertemente optimista, sirvió para poner freno a la proliferación nuclear y armamentística, agilizar las rondas de negociación de la OMC para acelerar la liberalización del comercio, atemperar ciertos conflictos regionales por la ausencia de respaldo confrontativo de la URSS.

Se produjo tempranamente el cambio radical en la planificación del despegue económico industrial de China que pasó a ser un jugador de primer nivel en contexto económico global.

Por su parte, la autoridad de USA se dibujó inicialmente como la de un poder blando. Incluso las intervenciones militares de este período no fueron unilaterales sino que contaron con el consenso internacional a través de organismos Internacionales (Ej:: Primera Guerra del Golfo, intervención aprobada por la ONU).

Es la etapa en que hace su aparición la red de internet pública.

Globalización condicionada

El Ataque a las Torres Gemelas de Nueva York (11/9/2001) fue el primer ataque exitoso en territorio continental norteamericano, obviando el ataque japonés a Pearl Harbor en la II Guerra Mundial. Y fue transmitido en directo por la televisión.

Además del lógico impacto geopolítico, quedó al descubierto un nuevo modelo de conflicto por la ausencia de un contrincante clásico definido (nacional –tanto estatal como insurgente-) contra quién responder.

Los infructuosos intentos militares que los norteamericanos realizaron en Medio Oriente como respuesta al ataque, se desarrollaron en paralelo a la proliferación de un nuevo modelo antiglobalizador. Por la ausencia de consenso internacional, luego de superado el primer impacto que despertó ciertas solidaridades internacionales, se intentó volver al unilateralismo de un poder duro.

Se registró un  avance de formas novedosas de terrorismo (en el sentido estricto de sembrar terror en la población). Redes, células dormidas y lobos solitarios que dieron continuidad a Al Qaeda y que luego serían remplazados por el ISIS (Estado Islámico).

De esta forma, la globalización quedó condicionada a cuestiones de seguridad que no habían estado presentes en la etapa idealizada (1989-2001). El armamentismo asume nuevas características tecnológicas.

Por otra parte, comienzan a hacerse más notorios (y con efectos concretos) que las mejoras tecnológicas afectan la mano de obra tradicional industrial teniendo efectos sociales y de relocalización de mano de obra muy impactantes.

En esta etapa se produce la consolidación de internet 2.0 con efectos sobre lo público y lo comercial muy directos, cambiando la primacía de las empresas más cotizadas de las bolsas accionarias mundiales, de las industriales y comerciales  hacia empresas tecnológicas de software y de las comunicaciones.

Tanto desde el punto de vista del proceso globalizador, como desde la perspectiva de los procesos de regionalización, empieza a hacerse palpable la carencia de liderazgos políticos extra nacionales.

Aquella idealización de la etapa anterior respecto a la globalización dejó paso, en este período a una relativización del optimismo.

Aun así, la entrada de China como jugador comercial en el concierto internacional y cierto arrastre neoliberal en el manejo de las finanzas de los principales centros económicos, generaron mercados altamente competitivos y de altos precios para el abastecimiento de materias primas. Ésta situación permitió el “derrame” de los beneficios económicos derivados de la globalización hacia países no industrializados. Pero, ese esplendor económico no opacó el pesimismo en gestación a nivel global.

Globalización cuestionada

Aquel “optimismo condicionado” y una economía de precios y de consumo en alza, entró en crisis por una confluencia de dos situaciones:

a.- crisis bancaria y financiera de 2008

Hacia fines de 2007 se produjo el estallido de la burbuja de especulación financiera generada en EEUU pero con ramificaciones internacionales (venta de “productos” financieros basados en hipotecas de alto riesgo norteamericanas, sumados al inflado mercado de productos “a futuro” especialmente commodities como soja o petróleo). Como efecto inmediato de la crisis de las hipotecas se produjo la pérdida de viviendas y recorte del crédito para sectores bajos norteamericanos y europeos, aunque también asiáticos (emprendimientos de viviendas terminadas pero sin ocupar).

La quiebra de grandes bancos e incluso el salvataje realizado sobre otros, no impidieron la ruptura del circuito financiero privado y supraestatal. Afectadas las economías más importantes, llegó a su fin el boom de los commodities, con el consiguiente perjuicio a las economías más primarizadas.

En paralelo, tanto por razones geopolíticas como económicas, USA da un impulso extraordinario a la explotación del Shale oil y el shale gas, cambiando la relación de dependencia y de fuerzas con Venezuela, Arabia Saudita y demás exportadores de petróleo.

Se produce una paradoja económica en tanto el marco general de las relaciones globalizadas continúa bajo el signo del paradigma neoliberal, pero confrontado con el cortoplacismo electoral en la mayoría de las democracias. Ni una ni la otra posición demostraron ser sustentables en el largo plazo como para sostener la dinámica globalizadora.

b.- surgimiento y fracaso de la Primavera Árabe (2010-2013)

El movimiento conocido como “Primavera Árabe” consistió en una serie de protestas y levantamientos contra dictadores o regímenes autocráticos en una diversidad de países de Medio Oriente, vehiculizado por clases medias y estudiantes ahora interconectados por las nuevas TIC.

Algunos de estos movimientos tuvieron éxito en lograr el derrocamiento de algunos gobiernos pero no fueron suficientes para generar una ola democratizadora con perspectiva de continuidad. En casi todos los casos, los sectores militares y más concentrados de esos países produjeron retoques cosméticos, cuando no un  directo gatopardismo.

Aquellas fuerzas democratizadoras y anti corrupción no contaron con el apoyo de Europa y los EEUU; se vieron librados a su suerte frente a ejércitos cómplices de los anteriores regímenes.

Lo que parecía ser una nueva oleada de incorporaciones a la globalización política (republicano-democrática) concluyó sin grandes avances. En algunos casos, incluso, la indefinición y la falta de consenso de las grandes potencias transformaron en inviables a algunas sociedades como en el caso de Siria, Afganistán o Irak.

La falta de apoyo internacional facilitó la contraofensiva conservadora; hubo un abandono y desinterés de Europa motivado por razones geopolíticas (no enemistarse con Rusia u otros países) y por no embarcarse en intervenciones militares o diplomáticas que hubieran contrariado a su propio electorado.

Por su parte, EEUU tomó la decisión de no actuar unilateralmente; en tanto Rusia protegió a sus antiguos aliados.

Como resultado para la Unión Europea, se dio un fenómeno de  inmigración masiva y descontrolada de poblaciones mediterráneas hacia el continente europeo; esta nueva ola migratoria puso en evidencia la inmigración constante anterior dejando en evidencia los problemas de integración que tenían algunos países. Se construyó una falacia en torno a los cambios en el mercado laboral europeo, culpabilizando a los inmigrantes. Este movimiento estuvo motorizado por partidos xenófobos y aislacionistas que, entre otras consecuencias, promovieron la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

Además, por este bajo involucramiento europeo en apoyar soluciones democráticas y por temor a un nuevo balance de poder árabe y de Medio Oriente, paradójicamente se desprotegió a los grupos más “occidentales” en sus creencias republicanas y democráticas; a aquellos que más “globalizados” podrían llegar a estar.

En ese tono de “no injerencia” dejaron crecer el Califato de ISIS y toda la construcción de sus redes en Europa y USA, despreciando inicialmente su poder no convencional.

Otra novedad del período fue que Rusia vuelve al ruedo de la geopolítica internacional con intervenciones directas e indirectas de su poder militar, en contraposición a los embargos y sanciones internacionales que le habían impuesto.

Como conclusión, la crisis económica y el manifiesto descreimiento de las poblaciones de EEUU y Europa respecto a la política, la economía, la integración social dieron paso a  un retroceso cultural respecto a la globalización y su capacidad para integrar poblaciones.

La falta de resultados de la política y la economía europea pueden ser el germen de una  eventual crisis del paradigma democrático – internacionalista por el retorno de los nacionalismos aislacionistas.

La crisis del 2008 y la fallida Primavera árabe abonaron indirectamente la ruptura del pacto globalizador implícito o explícito. En esencia, lo que está en juego es el principio expresado por la comunidad europea como el de las “cuatro libertades de circulación”: de personas, de bienes, de servicios y de capitales.

Es temprano, aún, para evaluar el proceso histórico. Por ello no podemos afirmar que la globalización ya haya fracasado, pero sí que está en un proceso de fuerte desprestigio.

FENÓMENOS OCULTOS DE LA GLOBALIZACIÓN

Hay un fenómeno social que no siempre es tenido en cuenta al momento del análisis de las estructuras sociales y los modelos políticos o económicos. Se trata de lo que podríamos describir como “orden clandestino”.

                Existe un conjunto de actividades “ilegales” que, al no ser consideradas analíticamente, dejan incompleto el conocimiento de la realidad y de su dinámica.

                Estas actividades se desarrollan tanto en el plano económico como en el político. Son de carácter nacional como también internacional.

Una apretada enumeración:

-tráfico de personas: inmigraciones ilegales, trata de mujeres y niños, trabajadores forzados.

-producción clandestina de bienes de consumo

-trabajo no ajustado a las normas (nacionales o internacionales)

-comercio ilegal (sin pagar impuestos) de bienes de consumo (aún en transportes legales)

-tráfico de armas (incluso los realizados clandestinamente por Estados nacionales)

-comercialización de obras de arte robadas (amplio mercado si incluimos música, cine y todo el streaming pirata)

-producción y comercialización de drogas (desde marihuana hasta metanfetaminas o drogas de diseño químico)

-tráfico de influencias políticas para la “legalización” de emprendimientos cuestionables (como ejemplo neutro: la autorización Trump para la construcción de un oleoducto anteriormente frenado por razones ecológicas)

-aportes empresariales para el financiamiento político

Seguramente la lista puede completarse con otros rubros.

Este “orden clandestino” denota a primera vista una ausencia de los Estados. Sin embargo, hay que considerar que en muchas de estas situaciones, funcionarios de todo rango “venden” la suspensión de la ley para la realización del delito. Esta complicidad daría lugar a un entramado social que da por “normal” estas prácticas.

Son parte del “sistema” y como tales deben entrar en los análisis científicos.

Habitualmente estos fenómenos son enfocados como compartimentos aislados y se los presume en la “anormalidad” o la “ilegalidad”. Sin embargo hay estimaciones de su volumen que, de ser consideradas, evitarían excluir estos comportamientos sociales, económicos e incluso políticos del estudio social. Permitiría redefinir las supuestas debilidades institucionales del Estado imbricándolo en una complicidad político-delictiva que permitiría una perspectiva más real.

PANDEMIA Y POSPANDEMIA

            La crisis sanitaria provocada por el virus nominado COVID 19, variante de los coronavirus, ha generado una situación excepcional. La parálisis por semanas y meses de la actividad normal de las sociedades y las personas.

            Todas las economías fueron perjudicadas por las medidas de cuidado de la salud y del sistema sanitario de cada país.

            Las disputas políticas nacionales e internacionales quedaron encerradas en las discusiones sobre las formas de abordar la cuestión. ¿Proteger a las personas o sostener el movimiento capitalista?

Es muy probable que una vez que se supere la emergencia, habrá nacido una nueva etapa para el sistema internacional.

CONCLUSIÓN

Para esquematizar, podemos decir que el diseño del actual sistema internacional responde básicamente a dos grandes tendencias. La tendencia capitalista y la permanente lucha por los derechos humanos. Dos tendencias que estuvieron, la mayoría de las veces, en pugna.

En ambos casos hay una propensión o intención de generar un ámbito común a todas las naciones desde esos dos aspectos y tendencias. Las situaciones nacionales, religiosas y políticas (entre otras) hacen que cada país continúe teniendo sus propias características y que la globalización  sea un camino o una meta, más que una realidad concreta y universal. Cada país vive respecto a la globalización con sus propias identidades, que lo llevan a adherir o rechazar, total o parcialmente, los postulados ideales del sistema en marcha; para algunos, obteniendo un gran beneficio; para otros, buscando las formas de defenderse de este proceso universal. Hablamos tanto de países como de sectores sociales dentro de cada país.

Es de suma importancia atender a la periodización del proceso de estos cuarenta años, pues en sus variaciones se pueden observar las marchas y contramarchas del ideal globalizador, tanto en lo internacional como en lo de los diferentes Estados nacionales.

La globalización, con sus nuevos mecanismos de comunicación, permitió la visualización de las tendencias y luchas por los derechos humanos compartidas en todas las geografías. Sirvió para dejar al descubierto y compartir internacionalmente (por cierto que con excepciones) valores positivos sobre la diversidad de las personas, de las nacionalidades, de las religiones, del género de cada individuo.

Pero, también  expuso a los oponentes de un mundo más igualitario.


[1] Se conocen como los cuatro tigres asiáticos a una generación de nuevas economías industriales que se localizan en Asia: Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwán.

[2] Países de industrialización reciente. fundamentalmente aquellos que se desarrollaron en el último tercio del siglo XX.

[3] Países que tuvieron un alto nivel de inverisones a principios del siglo XXI, en función de sus altas tasas de crecimiento: Brasil, Rusia, India y China.

[4] Materias primas que son factibles de comercializarse internacionalmente.

[5] Acuerdo General de Comercio y Tarifas. Organismo creado luego de la Segunda Guerra mundial para la discusión internacional de las bases del comercio entre países.

[6] Organización Mundial de Comercio. Organismo que reemplazó al GATT.

Publicado por luis mesyngier

Profesor Regular Universidad de Buenos Aires, a cargo de cátedras de Introducción al conocimiento de la Sociedad y el Estado (CBC), Trabajo y sociedad (para tecnicaturas) y de Historia Económica y Social General (Facultad de Ciencias Económicas). Director de la colección "Para animarse a leer...", de la Editorial Eudeba.

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